Puede un cristiano criticar a otro que profesa ser cristiano públicamente?

Por Edgar R. Aponte

Hace ya unos años escuché a un amigo decir que cuatro décadas atrás “Juan 3:16” era el versículo más citado, mientras que hoy día los versículos favoritos son aquellos que hablan de no juzgar, por ejemplo Mateo 7:1-2. (Andres Birch publicó un interesante artículo explicando cómo ese texto ha sido abusado). Y quizás eso tiene mucho que ver con el espíritu relativista y pluralista de estos tiempos. Nos encanta lo ligero y trivial, sin importar si es verdad o no. Y rechazamos todo aquello que confronte nuestra ‘comodidad’. El evangelio de Jesucristo, cuando se predica con fidelidad, siempre nos hará sentir incómodos. Y es que no sólo requiere un cambio de ‘conducta’, si no un cambio de naturaleza.

Muchas personas muestran cierta sorpresa e indignación cuando escuchan a un cristiano criticar a otros cristianos. Y muchas veces con razón. Hay cristianos que hablan con cierto grado de superioridad que dejan mucho que desear. Usan epítetos e insultos que son difíciles de reconciliar con los frutos del Espíritu (Gá 5:22-23). El cristiano no es una persona superior o mejor que otra; más bien es una persona que, por la gracia de Dios, ha reconocido su pecado, su maldad y su culpa, y ha puesto su fe y esperanza en Aquel que es limpio, santo y justo (Ro 3:21-26). Por ende, el cristiano debe tratar siempre de modelar la mente y el carácter de Cristo (Fil 2:5). ¡Claro! Eso no significa que no confronte la mentira y el pecado. Cristo confrontó a los hipócritas (ej.: Jn 8:12-59), a maestros confundidos (ej.: Jn 3), habló más que nadie del infierno (ej.: Mt 25:41-6), y llamó Satanás a uno de sus discípulos cuando trató de separarlo de la cruz (ej.: Mc 8:33).

Dios nos dice cómo tratar con aquellos que han pecado dentro de la iglesia (Mt 18:15-22), y nos habla sobre la importancia de disciplinar a aquellos que han profanado el nombre de Dios (1 Co 5). Es por eso que el apóstol Pablo le dice a la Iglesia que quiten “a ese perverso de entre vosotros” que “llamándose hermano” insulta a Dios con su conducta y enseñanza (1 Co 5:11-13). El mismo Pablo le dice a la Iglesia que no juzgue a aquellos que no son o pretenden ser cristianos, porque Dios juzga al de fuera. Y es por esa razón, que tanto en el Antiguo Testamento (ej.: Dt18:20; Jer 23:14; Mi 3:9-1), como en el Nuevo Testamento (ej.: 2 Ti 4:3) encontramos múltiples exhortaciones a confrontar a los falsos maestros que se levantan entre el pueblo de Dios, como dice Pedro: introduciendo herejías destructoras, siendo seguidos por muchos que por avaricia hacen mercadería de vosotros con palabras fingidas, blasfemando así el nombre de Dios (cf. 2 P 2:1-3).

Entendiendo ese imperativo bíblico de defender la verdad revelada por Dios de aquellos que la tuercen diciendo ser cristianos, la Iglesia desde sus primeros siglos se pronunció contra falsas enseñanzas. Un ejemplo en el Nuevo Testamento es la primera carta de Juan donde el Apóstol confronta ideas gnósticas (docetismo) que habían penetrado las iglesias a final del primer siglo. Por esa razón, importantes pastores y teólogos como Tertuliano, Atanasio, Basilio y Agustín, publicaron libros con títulos, quizás pocos creativos, pero bastante claros, como los siguientes: Contra Marcion, Contra Herejes, Contra Práxeas, Contra los ArrianosContra Eunomius, y Dos Cartas Contra Pelagio.

La Biblia le dicta al cristiano cómo manejar y confrontar las falsas enseñanzas. Y el creyente debe hacerlo con la convicción que nos da la Palabra y con la humildad de uno que por gracia ha pasado de muerte a vida. Cuando alguien enseña a través de medios masivos, ideas que profanan el nombre de Dios y confunde miles de almas, la iglesia no puede permanecer callada, la confrontación debe ser pública. El celo por el Señor debe consumir al creyente (Jn2:13-22). La verdad de la justicia, de la santidad y el amor de Dios es demasiada bella para que el cristiano permanezca indiferente cuando ésta es profanada por personas que dicen creer esa verdad. La meta no es la destrucción de esa persona, sino el arrepentimiento de la mentira. Al final, no hay nada más dañino y destructivo que la mentira. La gloria de Dios es muy dulce para que el cristiano permanezca callado cuando ‘lo malo se llama bueno, y lo bueno malo, o lo dulce se hace amargo y lo amargo dulce’ (Is 5:19-24). Es por eso que confrontamos a otros que con astucia predican otro “evangelio” (Gá 1:6-9).


Edgar R. Aponte es el Director de Desarrollo de Liderazgo Hispano en el Southeastern Baptist Theological Seminary en Wake Forest, NC donde cursa su Ph.D. en Teología Sistemática, y donde vive junto a su esposa y dos hijos. Edgar puede ser seguido en Twitter: @EdgarRAponte

Pastor, en el tema del aborto, no olvides el evangelio.

Por Edgar R. Aponte

En muchas ocasiones, he escuchado a pastores hablar del tema del aborto de una forma en la cual el evangelio de Jesucristo parece estar ausente. Esto genera en el mundo una imagen errada de que, como cristianos, estamos hablando desde un pedestal moral. Y segundo, pareciera que el pastor ha olvidado que en su congregación puede haber personas que en un momento participaron de un aborto. 

La Biblia enseña que Dios creó los cielos y la tierra. El Señor creó todos los animales vivientes, las hermosas montañas y los impresionantes ríos que vemos. Él creó maravillosas piedras, como los diamantes, los rubíes, etc. La Biblia también enseña que Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza (Gen 1:26-7). La Biblia enseña que los seres humanos somos el clímax de la creación. Somos la obra más preciosa en la creación. Solo el hombre y la mujer fueron creados a Su imagen.  Continue reading…

Plantador de iglesia, acompañado es mejor

Por Ramon Osorio

Una de las experiencias más comunes al plantador de iglesias es la soledad. Esto es especialmente cierto en los pastores hispanos que regularmente no cuentan con una iglesia madre o con un equipo de trabajo voluntario o pagado.

En mi caso el primer culto de La Respuesta en Junio del 2006, la asistencia fue mi esposa, nuestras dos hijas y yo. Pero Dios estaba con nosotros y siguiente domingo se unió la familia Castro. Luego llegaron los Medina, los Gonzales, los Moreno y algunos estudiantes y amigos americanos. Aunque yo pensaba que podía solo, Dios sabía que necesitaba un equipo y Él en su misericordia lo proveyó.

En los dos primeros capítulos de Esdras encontramos primero un grupo de líderes (2:2), y segundo, encontramos un grupo más amplio de personas. Es interesante ver que el edicto de Ciro, movido por el único y verdadero Dios, asume que un grupo de gente ayudará a reconstruir el templo. Ciro nunca piensa que una sola persona podrá hacerlo o que tendrán que contratar constructores. Lo que Ciro asumía como lógico, muchas veces los plantadores y pastores de iglesias madres lo ven extraño y hasta falto de espiritualidad; a saber, que para plantar iglesias es mejor hacerlo con un equipo. Continue reading…