Cómo puede una iglesia pequeña participar en misiones globales?

Por Julio Crespo

La gran mayoría de las iglesias bautistas del sur en los EEUU tienen un promedio de asistencia cada domingo de 125 personas según datos oficiales. Es decir, que la gran mayoría de las iglesias son pequeñas. Tarde o temprano, toda iglesia pequeña va a lidiar con el mandamiento de Jesús en Mateo 28:19 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.” ¿Cómo puede una iglesia pequeña ser fiel a la Gran Comisión? Esto se complica aún más para una iglesia hispana porque muchos de los miembros no pueden viajar fuera de los EE.UU. Algunos no pueden pagar miles de dólares por un viaje misionero de corto o largo plazo. En ocasiones también se presenta que algunos miembros cuestionan el uso de fondos para ir a otro lugar cuando hay tantas necesidades locales.

Sin embargo, la realidad es que una iglesia hispana pequeña puede hacer un gran impacto en las misiones internacionales. Lo siguiente son algunas sugerencias de cómo eliminar excusas para que una iglesia pequeña pueda hacer discípulos a todas las naciones:

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Dos idiomas: un glorioso reto para plantadores de iglesias hispanas

“Hola pastor, how are you?” me dijo un joven en la iglesia y le respondí “Good, ¿y tú?” Esto es lo normal en una iglesia hispana en los Estados Unidos.  Dos idiomas combatiendo por superioridad.  Ésto no es necesariamente nuevo, pero cada día es más obvio para pastores que plantan iglesias hispanoparlantes en lugares que tradicionalmente no han tenido una gran población hispana, como Alabama, Tennessee y Carolina del Sur.

Hay estudios que apoyan la necesidad de plantar iglesias hispanas.  Las estadísticas señalan que hay aproximadamente 53 millones de hispanos en los Estados Unidos.  Un reporte del año 2009 del Centro de Investigaciones Pew encontró que 9 de cada 10 niños hispanos nacieron en los EEUU. La realidad es que estos niños y jóvenes no hablan español al mismo nivel que sus padres lo hablan.  Aproximadamente 71% de los hispanos de segunda generación pueden leer un libro en español bastante bien.  Este número baja a 41% en la tercera generación.  Estos números bajan aún más cuando les preguntaron en qué idioma piensan.  Para la segunda generación, solo el 18% piensa en español y para el13% de los de la tercera generación sus pensamientos son en español.

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Jonathan Edwards visita América Latina

Por @EdgarRAponte

Jonathan Edwards es considerado por muchos como el más grande intelectual que haya vivido en Norteamérica. Fue un hombre que Dios usó durante el Primer Gran Avivamiento. Fue un pastor y académico en quien los frutos del Espíritu eran visibles (Gá 5:22-23). ¿Se imagina usted tropezarse con Jonathan Edwards montando a caballo en las montañas de Perú o tomándose una taza de té en el Zócalo en México, y teniendo unos minutos para conversar? Quizás usted le preguntaría ¿qué piensa sobre el estado de la iglesia en América Latina o sobre levantar las manos en la iglesia? Éstas son algunas de las preguntas que corresponderemos aquí. Y para eso, usaremos las palabras de Edwards en su famoso libro Afecciones Religiosas.

Recientemente y por tercera ocasión, comencé a leer el libro Afecciones Religiosas de Jonathan Edwards. En esta ocasión lo estoy leyendo con un hermano más joven en una relación de discipulado. Afecciones Religiosas es uno de los libros más importantes que se hayan escrito en América. En una serie de artículos estaré usando las palabras de Edwards para describir la situación que vemos hoy en la mayoría de iglesias en América Latina. Muchas de las experiencias que se vivieron en las colonias de Nueva Inglaterra, la tenemos presentes en las comunidades hispanohablantes.  ¡El ser humano no ha cambiado mucho!

Afecciones Religiosas fue publicado por primera vez en 1746, como parte de un prolongado análisis y defensa del Primer Gran Avivamiento. En este libro, Edwards estaba respondiendo a dos grupos: un grupo rechazaba la idea del avivamiento etiquetándolo de simple fanatismo, y un segundo que creía en el avivamiento apoyando una serie de excesos extravagantes. El primer grupo favorecía un tipo de cristianismo intelectual y frío, mientras que el segundo defendía un cristianismo fogoso donde se minimizaban las Escrituras y se presentaban la emoción y el éxtasis como señal de un verdadero cristianismo. El libro está compuesto por 3 grandes partes, y cada una de ellas está dividida en varias secciones. En la primera parte, Edwards presenta el fundamento teológico de su trabajo. En la segunda parte, se discuten doce ‘señales’ de lo que parecen ser verdaderas afecciones cristianas, pero que en realidad no prueban nada (ej.: grandes emociones). Y en la tercera parte, se discuten doce ‘señales’ de verdaderas afecciones cristianas (ej.: un amor por la gloria y la santidad de Dios y obediencia a Cristo).

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