Pastor, la iglesia no es una empresa familiar

Por Giancarlo Montemayor

Cuando uno lee el Nuevo Testamento, es interesante notar que la idea de un cristiano aislado está ausente. Aun el teólogo más influyente del Nuevo Testamento—el apóstol Pablo—era miembro de la iglesia en Antioquia al emprender su viaje misionero. De hecho, el Espíritu Santo mismo le dijo a la iglesia de Antioquia: “apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2). También el apóstol Pedro dijo que somos más que meros individuos llamados por Dios, somos una “nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Entonces, ¿Qué es un cristiano? Es alguien que ha sido salvado del pecado por Dios y que además ha sido añadido a la familia de Dios en su iglesia. La doctrina de la iglesia es crucial para el entendimiento de Dios porque es la parte visible de nuestra teología.

Con esto en mente, quiero que consideremos la importancia del entendimiento correcto de la eclesiología (doctrina de la iglesia) para la vida cristiana. Dios no solo nos ha dejado instrucciones de cómo debemos vivir delante de él, sino que también nos ha dejado parámetros para vivir juntos como iglesia.

¿Quién gobierna la iglesia?

La iglesia no solo es el cuerpo de Cristo sino que también es una institución creada por él mismo; una institución con estructuras definidas. Pablo dice que Cristo es la cabeza de la iglesia (Ef. 5:23) Es por eso que no podemos pensar de la iglesia como una empresa donde el pastor es el presidente y los súbditos hacen lo que él quiere; eso es algo muy peligroso. La iglesia es un conjunto de creyentes que hacen un pacto entre ellos mismos delante de Dios para vivir rectamente, para practicar las ordenanzas (Bautismo y Santa Cena) responsablemente y para anunciar la gloria de Dios al mundo que los rodea. Continue reading…