Esposo, toma de la mano a tu esposa

Por R.C. Sproul, Jr

En los últimos años, debido a la enfermedad de mi esposa, su fallecimiento y su ausencia, he recibido mensajes escritos tanto alentadores como extraños. Me regocijo especialmente cuando escucho que las reflexiones que he escrito le han servido de ayuda a otras personas durante tiempos difíciles. De hecho, planeo usar lo que he escrito en un futuro libro. Dicho esto, todavía creo que la cosa más sensible, acertada y de más ayuda que escribí durante esta travesía fue en un mensaje de twitter: “deseo haber agarrado más su mano”.

Probablemente este es mi mayor remordimiento, no haberla agarrado más de la mano.

Por supuesto que no es que nunca le tomé la mano. Sin embargo, es probable que no lo hiciera tanto como le hubiese gustado. Tomarle de la mano le comunica a ella, en una manera sencilla pero profunda a la vez, que estamos unidos. Sostenerle su mano le dice a ella: “estoy agradecido de que somos una carne”. Tomando su mano me dice a mí: “esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Es una liturgia, un hábito ordinario de conmemoración para ver claramente la realidad extraordinaria de dos convirtiéndose en uno. Habría comunicado, aún en medio de un desacuerdo o en momentos de dificultad, que “pasaremos por esto juntos. No te soltaré”.

También nos habría recordado de ese secreto que guardábamos el uno del otro, esa alegre realidad oculta que por una parte es vergüenza y por la otra un éxtasi de gozo: que somos como niños. Criar hijos, pagar hipotecas, enfrentar dificultades en el mundo adulto realmente nunca cambia lo que somos por dentro. Tomarla de la mano era como pasear por el parque. Tomarla de la mano era como picarle el ojo diciéndole: “yo sé que tú también eres como una niña; seamos amigos”.

Por otro lado, sosteniendo su mano nos habría comunicado a los dos mi llamado a guiarle a ella y a nuestra familia. El tomarse de las manos es una manera de decir: “tú estás a salvo conmigo”, “sígueme en la aventura”. Me hubiese recordado que frente a las responsabilidades uno no puede correr, abandonar, ni encogerse. Y mientras le guío hubiese sido como un ancla estable, un recordatorio que yo no la guío para asegurar mi bienestar sino el de ella.

Tomarla de la mano más, también hubiese sido un mensaje más claro al mundo que nos observaba. El mensaje habría sido: “ahí está un hombre que ama a su esposa”. Me entristece que tantas personas aprendan esto solo después que sus esposas se hayan ido. Sobre todo, deseo que le hubiese sostenido más de la mano para que hoy la pudiera sentir con más claridad. Deseo que hubiera sido un hábito persistente, de tal forma que ahora cuando entro a mi carro mi mano naturalmente buscara agarrarle. Deseo que hoy pudiese irme a la cama sintiendo su mano en la mía.

Felizmente sé todo esto porque en realidad le agarré su mano. Recibí todas las bendiciones que he escrito aquí. Es solo que, me habría gustado recibirlas más. No costó nada y me bendice hasta el día de hoy. Si no es demasiado tarde para usted, haga la inversión. En cada oportunidad que tengas, tómele de la mano, y no te arrepentirás.


Nota: Este artículo fue originalmente publicado en inglés en RCSproulJr.com. Fue escrito por R.C. Sproul Jr, quien es rector y maestro de teología y filosofía en el Reformation Bible College.реклама от гугл на свой сайткак посмотреть индексацию сайта

  1 Comment

  1. Julio y Lilian Perier   •  

    Excelente reflexión.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *